domingo, 9 de julio de 2017

La historia de una mujer.


Estaba recostada en un inmenso árbol rodeada únicamente de la naturaleza, sus ojos los mantenía cerrados, solo se escuchaba el sonido de los animales cercanos a ella, los pájaros, las cigarras, incluso la brisa le arrullaba, le regalaba pequeñas caricias al mecerle sus largos cabellos.

Ella soñaba con su soledad, no era una princesa de cuentos de hadas, era sólo una mujer que había detenido su camino para contemplar el paisaje y  había quedado atrapada en un sueño profundo.

Aquel bosque era inmenso y su soledad era aún mayor, la oscuridad empezó a recorrer el cielo, ella se levanto súbitamente, limpio sus ropas, levanto su capucha, se la puso y agarró fuertemente su canasta y recorrió el camino de siempre, dudó por un momento pero el sonido, la tierra, los árboles, el mismo viento le dijo a donde debía seguir y que debía hacer, entonces sin dudar siguió los consejos de entes aún mas sabias que ella y prosiguió su camino apresuradamente, sabía que la oscuridad se acercaba y haría que se perdiera en ese laberinto que parecía conocer muy bien, pero también sabía que la oscuridad todo lo deforma.

A lo lejos vio una luz,

Estaba parado un hombre dando vueltas preocupadamente de un lado a otro, en su mano llevaba una linterna, se rascaba la cabeza, veía hacia adentro del bosque, cuando vio algo moverse no se asusto, en cambio se acerco apresuradamente. 
“Es Él” pensó ella.

Él la miro con un gesto de preocupación, ella sabía que se había retrasado mucho, el cansancio, la soledad, el silencio, todo aquello había hecho que se quedara profundamente dormida, pero sabía que había despertado en el momento adecuado, justo antes de que la oscuridad le invadiera y no lograra encontrar el camino.

Él la abrazo, ella sonrió tiernamente.


Al final del camino siempre supo que alguien la esperaba.

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